Las protestas estallan en toda China desafiando la poltica de Covid cero de Xi Jinping: “No a la dictadura, queremos democracia”


Algunas veces, una tragedia basta para despertar a un pueblo del largo letargo. Cuando los ojos ya estn bien abiertos y la paciencia despedazada por un gobierno que, tirando de patriotismo y jugando con el miedo, ha hecho y desecho a su antojo durante los ltimos tres aos, un simple acto de desafo es suficiente para enfocar un relato crtico que suma cada vez ms adeptos y que se contagia por todas las esquinas. Esto es lo que est ocurriendo en China.

El fuego de la regin de Xinjiang prendi la mecha de las mayores protestas sociales que se han visto en el gigante asitico en mucho tiempo: un incendio en un bloque de viviendas de Urumqi, capital de Xinjiang, donde murieron 10 personas, desat una furia en lnea que ya ha saltado de la red a muchos rincones del pas. Segn los relatos de varios testigos, las restricciones de la poltica de Covid cero, con edificios sellados y urbanizaciones bloqueadas, impidieron que las vctimas escaparan de las llamas en sus casas y que los bomberos llegaran a tiempo.

Urumqi tambin se llama la calle de Shanghai donde en la madrugada del domingo una marabunta de chavales cabreados sorprendi organizando una vigilia por las vctimas del incendio. “Queremos libertad”, gritaban al unsono. Muchos jvenes, con la cabeza agachada en seal de duelo, sostenan hojas blancas queriendo mostrar, como ellos lo llamaron, un nuevo smbolo de la “revolucin del pueblo”.

Cada vez ms agentes de polica fueron rodeando la protesta pacfica que ocupaba una estrecha calle en la prspera y cntrica rea de la Concesin Francesa, muy cerca del Instituto Cervantes. Eso encendi a muchos manifestantes, que comenzaron a lazar gritos apuntando directamente al Gobierno chino. “No a la dictadura, queremos democracia. No necesitamos un dictador, queremos derecho a votar”, fue uno de los eslganes durante la noche. En China no se escuchaban abiertamente estas frases desde antes de que Xi Jinping llegara al poder, hace justo ahora 10 aos. “Abajo Xi Jinping, abajo el Partido Comunista”, gritaron tambin.

Casi al amanecer, la polica acab dividiendo la manifestacin y deteniendo a algunos jvenes. Unas pocas horas despus, alrededor de 18.000 corredores que participaban en el maratn anual que se celebra en Shanghai en estas fechas, pasaron por la misma zona de la protesta. Al preguntar al pblico que segua la carrera detrs de las cintas, nadie saba nada sobre la vigilia por los muertos de Urumqi.

El domingo por la tarde, en la misma interseccin donde se celebr la protesta la noche anterior, muchos residentes de Shanghai, la mayora jvenes veinteaeros, volvieron a concurrir, pero esta vez se encontraron con varios furgones policiales y decenas de agentes que custodiaban el lugar y detenan rpido al primer chaval que osara alzar la voz pidiendo que se levantaran los bloqueos o justicia por los fallecidos en el incendio. “Solo queremos recuperar la normalidad y que nos dejen de tratar como a tontos con polticas que dicen que salvan vidas pero que han convertido a mi pas en un estado de vigilancia y control masivo donde los ciudadanos tenemos muchas menos libertades que antes”, dice un estudiante que se presenta como Jason.

Por las vctimas de Urumqi se ataron varios ramos de flores junto a un poste de luz que est justo al lado del letrero con el nombre de la calle -Wulumuqi Road, llamada Urumqi en mandarn-. Pero los agentes tambin retiraron el santuario floral y dispersaban a empujones a los manifestantes cuando estos se animaban a gritar.

Los ramos de flores.
Los ramos de flores.Lucas de la Cal

“Nos han robado hasta el derecho a quejarnos. Mira como estamos, nadie se atreve a gritar ms de la cuenta en la cara de los policas porque sabe que acabar dentro del coche patrulla. Algunos solo estn aqu ahora esperando a ver si se la para hacer vdeos y ensearselos a sus amigos, algo que tampoco pueden hacer con libertad porque todo lo que est circulando por redes se censura”, protesta otra joven.

Al mutismo habitual de los medios chinos se le sum la rpida reaccin del aparato de censura en el ciberespacio patrio para borrar cualquier rastro de la manifestacin que se publicara en lnea. Aun as, en los grupos de WeChat -el hermano chino de WhatsApp- se lleg a colar algn vdeo de la protesta con un ngulo diferente para evitar el borrado. Un ejemplo: varios jvenes en fila viendo en su mvil la victoria de Argentina frente a Mxico en el Mundial mientras a su alrededor se ve mucho movimiento y se escuchan cnticos que piden libertad y la dimisin del presidente Xi Jinping, quien en octubre logr revalidar un tercer mandato como secretario general del Partido Comunista, afianzando su estatus como el lder supremo ms poderoso de China en dcadas.

Curiosamente, desde el comienzo del Mundial de Qatar, no ha hecho ms que avivarse el enfado del pblico chino contra la inmutable poltica nacional del Covid cero que ha impulsado el presidente bajo el pretexto de que, si China abriera sus puertas al virus y aprendiera a convivir con l como han hecho en Occidente, habra cientos de miles o millones de muertos en un pas donde la poblacin carece de inmunidad natural y la infraestructura sanitaria es muy deficiente en las vastas zonas rurales. Pero despus de tres aos bajo un bucle de confinamientos y testeos masivos, el cabreo ha aumentado cuando millones de chinos han encendido la televisin y han visto en los partidos de Qatar estadios abarrotados de aficionados sin mascarillas ni distancia de seguridad, algo impensable en un pas que sigue encerrado en los primeros meses de 2020 y que est pasando ahora por la peor ola de contagios desde el comienzo de la pandemia.

China va acumulando confinamientos a la par que protestas: en la capital, Pekn, en algunos barrios los vecinos han roto los bloqueos y han desfilado cargando contra las medidas extremas. Lo mismo en Chongqing, al oeste, y en Guangzhou, al sur. Hasta se han organizado pequeas manifestaciones los residentes de ciudades como Wuhan y Lanzhou, en el centro y en el norte del pas, donde no se han decretado cuarentenas masivas como en otros rincones. Y no hay que olvidarse de las protestas laborales, empujadas tambin por las restricciones anticovid y que acabaron en enfrentamientos con los antidisturbios, que llevan estallando todo el mes en una fbrica de iPhone en Zhengzhou, ciudad que fue esta semana completamente confinada.

En las ltimas 48 horas tambin se han armado pequeas protestas improvisadas en varios campus universitarios. Los ms jvenes son los que estn protagonizando las quejas ms ruidosas y numerosas hasta ahora, como la de Shanghai, encabezada tambin por universitarios.

“No podamos quedarnos callados tras el incendio de Urumqi. Dicen que muri gente que se podra haber salvado si la urbanizacin no hubiera estado bloqueada. Ya han sido muchos muertos por la poltica de restricciones, ms que por el propio virus. Personas mayores que murieron en su casa durante el confinamiento de dos meses de primavera en Shanghai porque nadie los poda llevar al hospital, bebs enfermos que han fallecido encerrados en un centro de cuarentena porque no les dejaban salir y la asistencia llegaba tarde”, asegura uno de los estudiantes que estaba de madrugada en la protesta de Shanghai.

El chico explica que organizaron y citaron a la gente para la vigilia usando grupos de Signal, saltando la censura en el mvil con una VPN. “Al principio lo que habamos hablado era hacer una crtica ms suave hacia la poltica de Covid cero, recordando a las vctimas del incendio, haciendo pequeos gestos como ensear folios en blanco en seal de desaprobacin y levantar los puos mientras cantbamos el himno nacional de China y La Internacional”, subraya otra compaera que tambin particip en la vigilia. “Pero luego empezaron los gritos contra el presidente y contra el partido. Yo no los comparto, ni pienso que en China haya un movimiento muy fuerte que se opone a Xi Jinping. Lo que s que hay en este pas es una poblacin muy cansada de tantos cierres injustificados que estn llevando a la ruina a muchas familias, mientras vemos que el resto del mundo hace tiempo que comenz a hacer vida absolutamente normal”.

La chispa del incendio de Urumqi del pasado jueves por la noche ahora ha sacudido un rgimen con un Gobierno que abraza una ley que para ellos es sagrada de tolerancia cero a cualquier amago de protesta social. Muchos vecinos de Xinjiang, entre ellos los que murieron en el incendio, llevaban ms de 100 das semiconfinados y nicamente podan salir de sus urbanizaciones con el permiso de sus comits de barrio.

Tras la tragedia, miles de residentes protagonizaron en Urumqi una protesta masiva que llev a las autoridades -que negaron que las puertas del edificio en llamas estuvieran cerradas, obstaculizando el rescate, como aseguraron algunos testigos del incendio- a celebrar una rueda de prensa al da siguiente y a anunciar que, milagrosamente, el virus “haba sido limpiado” de las calles y que las restricciones se reduciran despus de un encierro continuado de ms de tres meses.

Pero los nimos no se calmaron. Todo lo contrario, despus de que uno de los funcionarios de Urumqi soltara un comentario que desat la indignacin en lnea de todo el pas. “Los vecinos del edificio en llamas no tenan conocimiento o capacidad para rescatarse a s mismos a tiempo”. Esas fueron sus palabras, como si quisiera responsabilizar a las vctimas de su muerte por no haber logrado escapar del fuego.

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