diciembre 4, 2022


Llega el cosquilleo en el estómago, las manos sudorosas, los nervios aflorando. Llega el estreno del Mundial. España comparece por fin en el parque de atracciones de Doha con el hermoso reto de coser una segunda estrella a la camiseta. Lo hace en el estadio Al Thumama y con las dudas habituales, sin saber bien si parte en la pole o tiene a varios favoritos por delante. De si su suerte dependerá de un penalti mal lanzado o acaso esta vez su juego sobón valdrá para sacar adelante los partidos con más holgura. Derrotas como la de Argentina ayer demuestran, en todo caso, que el favoritismo está sobrevalorado.

Solo una semana y media de concentración ha servido para corroborar lo que ya se sabía, que en esta España todo gira en torno a Luis Enrique. Y en Qatar, más. Y está bien que así sea, afirma rotundo el seleccionador, orgulloso de su papel de líder, casi de guía espiritual. «Si no, ¿de quién se van a fiar los jugadores?», explicaba ayer. Y no hay duda de su éxito. El asturiano llega a la cita rodeado por un fiel ejército, un grupo de jugadores que creen a pies juntillas en sus dictados. Viven amparados por él porque, para bien o para mal, asume todo el protagonismo. Aparta a sus jugadores de los focos. A ellos les insiste en disfrutar, en vivir al máximo este sueño de niños que, curiosamente, a muchos les llega siendo aún niños.

¿Qué España comparecerá?

En la era Luis Enrique, sobre todo en la segunda etapa, España se ha movido siempre en la inconsistencia. Una goleada a Alemania daba pie a una estruendosa derrota en Ucrania. Y al contrario, dos empates preocupantes ante Suecia y Polonia servían de anticipo para ver a una España corajuda y ambiciosa que, aun con prórrogas y penaltis de por medio, alcanzó las semifinales de la Eurocopa. Aquella es la imagen más nítida que aún guarda en su memoria el común de los aficionados, y es lo que provoca que esta España ilusione a más gente de lo habitual.

Para el estreno espera Costa Rica, rival inédito en la historia de la selección y el último equipo en clasificarse después de la repesca intercontinental ante Nueva Zelanda. Al menos de puertas para fuera, los ticos están convencidos de que van a dar un susto a España. No habrá sorpresas con ellos. Se encerrarán y buscarán sus oportunidades en esa endeblez defensiva casi crónica que muestra la selección española.

El último entrenamiento antes del partido dejó varias imágenes interesantes. La primera es que por primera vez desde la llegada a Doha se vio a los 26 jugadores juntos sobre el terreno de juego. Luis Enrique tiene a todos disponibles, incluso a Guillamón, que tocó balón por primera vez. Carvajal y Morata, los dos hombres a los que más afectó el aire acondicionado, también están en plenitud, según aseguró el entrenador. La presencia del delantero en el once era una de las grandes dudas para este inicio, tanto por el golpe que sufrió en el último partido de Liga con el Atlético como por esa indisposición de los últimos días. La última prueba de ayer, sin embargo, parece jugar a su favor. «Las dudas que tengo para el once no vienen ni por lo físico ni por lo táctico», respondió ayer Luis Enrique en la rueda de prensa que dio en el Centro Internacional de Prensa. «Llegan por el nivel de los entrenamientos. El hecho de que el jugador sabe que entrenando se gana el puesto hace que el nivel de los entrenamientos sea altísimo. Elijo los jugadores por el feeling que tengo». Marco Asensio, que jugó como falso nueve ante Jordania, aún podría tener hueco en el once aunque juegue Morata.

El otro murmullo que ha sobrevolado sobre la concentración de España durante la semana es que Luis Enrique podría volver a contar con Rodri como central, acompañando a Laporte. La opción parece ganar enteros: «Tenemos bastante jugadores que pueden actuar en dos o tres posiciones. En este caso, tanto Rodri como Guillamón pueden jugar de central o de pivote. A mí me gusta tener esas posibilidades y no descarto poder utilizarlos en diferentes posiciones».

España, que debutará en el Mundial con un uniforme completamente rojo por esa obsesión de la FIFA con la coincidencia de colores, no gana su primer partido en un Mundial desde 2006. Dicen a menudo que es el partido más importante, aunque eso no deje de ser uno se loa topicazos tan habituales del mundo del fútbol a los que habitualmente se refiere Luis Enrique. Que se lo digan si no a los campeones en Sudáfrica después de su batacazo ante Suiza en el estreno de Durban. Bien lo sabe Busquets, capitán hoy y debutante entonces. «Sí he pensado que puedo ser el único jugador español con dos Mundiales en su palmarés. Siempre es una ilusión poder lograrlo, pero cuando el balón ruede no pensaré en ello».



Source link

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *