diciembre 8, 2022

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Josep Sánchez Llibre fue la primera moderación, el que primero volvió a hablar como una persona educada en la fatua Cataluña de la grosería y el engaño. Desde Fomento del Trabajo sentó las bases de una nueva convivencia –que era la vieja– y durante meses fue el único referente constructivo y conciliador, el único que hablaba con todos en tiempos en que nadie escuchaba. Fue despreciado por los radicales de uno y otro bando pero se mantuvo siempre firme en la defensa del entendimiento, la buena voluntad y la Ley y el orden como únicos garantes de la libertad. Poco a poco su posición se fue consolidando y los consensos en Cataluña se empezaron a tejer sobre asuntos reales y no sobre ficciones irrealizables. Hoy Salvador Illa es el candidato más opcionado a ser el próximo presidente de la Generalitat, Xavier Trias está ultimando su candidatura a la Alcaldía de Barcelona y los independentistas que están en el poder –Aragonès en la Generalitat y Gabriel Rufián en Madrid– pactan los Presupuestos en lugar de dar golpes de Estado, aunque sea al precio de dejar en evidencia la profunda miseria moral de Pedro Sánchez. La Cataluña del 80% ya no es la que quiere un referendo independentista sino la que no quiere líos. Y esto alguien lo ha construido. Me parece estupendo que Antonio Garamendi quiera renovar como presidente de la CEOE –aunque prefería tener a un empresario que a uno que sólo ha pagado tres nóminas en su vida– pero haría bien en no despreciar a personas valientes y comprometidas como Josep Sánchez Llibre, Javier Godó e Isidro Fainé, que claramente le superan en logros, y que en unas circunstancias muy difíciles supieron reconducir lo que parecía un seguro naufragio hacia una navegación otra vez segura y confortable. Nada se rompió y pese a todo están franqueados los caminos de regreso a la cordura. Más que enemigos imaginarios, Garamendi tendría que buscar amigos reales, aunque sin duda imperfectos, porque España es una historia de éxito gracias a sus rugosidades y si aventuras como las de Piugdemont tuvieron como único destino el fracaso fue porque en la concordia y el encuentro hubo siempre muchos más que en irredentismo aldeano. Es fácil decir que Sánchez Llibre o Salvador Illa son agentes del independentismo. Pero no es inteligente, ni honesto y debería avergonzar a quienes lo dicen mientras claman por la unidad de España. La lenta decantación del posibilismo es la única medicina y hay una anécdota de Josep Sánchez Llibre que lo resume. Artur Mas se quejaba de que no había chicas en los mítines de CiU y Sánchez para complacerle contrató a unas modelos. En lugar de dar las gracias, Mas se volvió a quejar porque cuando la tele las enfocó se notó que no se sabían ‘Els Segadors’. Hoy Mas no es nadie y Sánchez, que siempre ofrece ayuda a quien la necesita, ha contratado a Elsa Artadi, que hasta hace dos días daba la tabarra con ‘Els Segadors’, para que haga sus labores en Fomento. Es así como suelen funcionar las depuradoras de residuos, el centro político y los hermosos futuros de amor y paz.

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