diciembre 1, 2022

Bao Tong, el último liberal del Partido Comunista Chino



En Bao Tong, China ha despedido todo lo que podría haber sido, por eso apenas treinta personas tuvieron permitido despedirse de él. Alguna esquina recóndita de Pekín acogió ayer miércoles, entre estrecha vigilancia, un íntimo funeral por el disidente, fallecido la semana pasada a los 90 años. Una vida consagrada a defender el progreso a cualquier precio, sufragado no por los demás, sino por él mismo. La represión convirtió a Bao Tong en el político más importante encarcelado tras la matanza de Tiananmen. Su conciencia, en la más poderosa voz contra el régimen por hablar desde sus entrañas. Tras sobrevivir al Movimiento Antiderechista y a la Revolución Cultural, Bao Tong alcanzó los ochenta como exponente de una nueva generación de mandatarios chinos a los que Deng Xiaoping encomendó su «gaige-kaifang», la Reforma y Apertura. Este proceso transformó un país devastado por los designios de un solo hombre en una economía conectada al mundo, sentando las bases del vertiginoso desarrollo experimentado en décadas siguientes. No es casualidad que, medio siglo después, prosperidad, apertura y rechazo del personalismo hayan acabado a la vez. Bao Tong cumplió con su cometido al amparo de Zhao Ziyang, el Gorbachov que China no quiso. Primero, entre 1980 y 1987, como secretario político del primer ministro. Después, cuando este fue nombrado secretario general del Partido Comunista, como responsable de la Oficina de Reforma Política. De su pluma salieron los documentos del XIII Congreso, entre ellos el icónico discurso en el que Zhao llamaba a ahondar la separación entre Partido y Estado. Para entonces había transcurrido una década de progreso y liberalización pero la sociedad china, insatisfecha, quería más y más rápido. Unas aspiraciones que culminaron en las protestas de Tiananmen de 1989: encrucijada de trágicas consecuencias para el devenir del país, también para aquellos a la cabeza del frente aperturista. Bao Tong fue arrestado en mayo de 1989, unos días antes de la matanza, tras expresar en público su solidaridad con los manifestantes y sus reclamaciones. En 1992 fue expulsado del Partido Comunista, acusado de filtrar secretos de Estado y difundir propaganda antirrevolucionaria, y pasó siete años aislado en la cárcel de Qincheng. Abandonó la prisión en 1997, cuando su familia aceptó mudarse a un apartamento custodiado por videovigilancia y varios guardias de seguridad convertidos en escolta constante. Nunca estuvo solo Bao Tong, pero tampoco dejó de hablar. Empezando por el principio de su desgracia, Tiananmen. «Tenemos que corregir todos los errores de Deng Xiaoping», a quien consideraba responsable de lo sucedido, «pues es la única manera de defender su visión», afirmó en 1999 durante una entrevista con CNN. También exigió la rehabilitación de Zhao, quien pasó el resto de sus días en un estricto arresto domiciliario hasta su muerte en 2005. Todas estas opiniones las difundió, hasta el final, en entrevistas, columnas e incluso redes sociales. Su publicación más reciente en Twitter data de principios de octubre, un mensaje que critica la política de covid-cero y los lazos con Rusia. La mañana de su muerte, su hija Bao Jian compartió, también en Twitter, las palabras pronunciadas por su padre en su último cumpleaños, tres días antes. «La vida humana en este mundo es tan breve en términos históricos. Mis noventa años no son importantes, lo importante es el futuro por el que todos estamos peleando. Debes hacer todo lo que puedas. Hazlo hoy, y hazlo bien». Otro modo de decir que todo lo que pudo haber sido siempre puede volver a ser.



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