diciembre 2, 2022


MADRID. (elmundo.es). Inger Andersen (Jerup, Dinamarca, 1957) tiene una querencia por África alimentada desde su juventud, cuando fue profesora de inglés en Sudán. Formada como economista en Londres, pasó por el Banco Mundial, se especializó en temas como la desertización y la resiliencia ante el cambio climático y echó finalmente raíces en Nairobi, donde dirige desde hace tres años el Programa Ambiental de la ONU (UNEP).

Desde allí, con esa perspectiva de la vida vista desde el sur global, se adelantó a la COP27 con una severa advertencia: «No hay un camino creíble para un aumento máximo de las temperaturas de 1,5 grados».

PREGUNTA. Empecemos por la pregunta de los 100.000 millones de dólares. Los países industrializados se comprometieron a aportar ese dinero anualmente en la cumbre de Copenhague del 2009 ¿Cuánto tiempo más habrá que esperar?.

RESPUESTA. La realidad es que no podemos permitirnos más promesas incumplidas. El cambio climático está aquí y ahora, y está yendo a peor y más rápido.

Estamos deslizándonos ya de la crisis climática al desastre. Y son los países más pobres y los más vulnerables los que siguen pagando la factura de la falta de acción climática, lo cual es completamente inaceptable. De acuerdo con el último informe de la UNEP, en el 2020 se llegaron a ayudas combinadas de adaptación y mitigación de 83.300 millones de dólares.

Afirman humanidad está viviendo en alerta roja
Afirman humanidad está viviendo en alerta roja

Estamos acercándonos a loas 100.000 millones, pero no estamos donde deberíamos estar, porque esa cifra era solo el punto de partida. En la COP27 espero que haya una gran presión por parte de los países en desarrollo para que se cumplan los compromisos financieros. Las promesas rotas en un mundo dividido no es el futuro que queremos dejar a las futuras generaciones.

P. ¿Qué se puede esperar realmente de la COP27? Las expectativas son más bien bajas?
R. Cada año, la crisis climática se está intensificando y esto trae más dolor y sufrimiento a cientos de millones de personas en todo el globo. La única manera de salir de esta crisis es transformando urgentemente nuestra sociedad y nuestras economías.

Pero nuestro último informe sobre el bache de emisiones demuestra que los países no están dando el paso adelante. Y esta debe ser la tarea de la COP27. La lista de deberes es apremiante para los países del G20 que son responsables del 75% de las emisiones. Necesitamos valor político, financiación y solidaridad encima de la mesa.

Y lo necesitamos inmediatamente. No podemos poner el cambio climático en la lista de espera por más tiempo
P. La guerra de Ucrania ha puesto las cosas aún más difíciles, con países como Alemania recurriendo al carbón. ¿En medio de esta crítica situación internacional no es casi una misión imposible?.

R. La guerra de Ucrania ha hecho la vida más difícil a todos. Pero la realidad es que el mundo debería ser capaz de afrontar diversas crisis al mismo tiempo. Yo entiendo la necesidad de mantener las luces encendidas y las casas calientes.

Pero dar marcha atrás en la trayectoria de los combustibles fósiles (que nos han metido en este lío) no va a ayudar a nadie.

Debemos aprovechar lo que está pasando como una oportunidad para dar de verdad un impulso a la transición energética hacia las renovables, porque no solo es bueno para el medio ambiente, también para la salud de la gente y para el bolsillo de las familias a largo plazo. De hecho, es la única manera de garantizar la seguridad energética.

P. De acuerdo con la Agencia Internacional da la Energía, la crisis energética puede servir al final de acicate para la transición ¿Está usted de acuerdo con esta observación?.

R. Sí, totalmente. Yo creo que estamos empezando a ver un cambio profundo y duradero del orden energético mundial que puede al final acelerar la transición.

Tomemos como ejemplo la Ley de Reducción de la Inflación en Estados Unidos, o el Fit for 55 y el REPowerEU en Europa, la Transformación Verde en Japón o los objetivos ambiciosos en renovables de China e India. Son señales importantes de la necesidad de alinear la economía, el clima y la seguridad.

Para mucha gente viviendo en pobreza energética en los países en desarrolo necesitamos soluciones rápidas, limpias y de bajo coste que puedan garantizar el acceso a la red eléctrica. Por eso la renovables son nuestra mejor garantía y deben ser la prioridad en un futuro de emisiones cero.

P. Según el último informe de la UNEP sobre el bache de emisiones «no hay un camino creíble» hacia una aumento máximo de la temperatura de 1,5 grados ¿Ha llegado la hora de reconocerlo?.

R. El informe nos envía un mensaje muy claro. Si somos serios ante el cambio climático, debemos resetear el sistema. Necesitamos rediseñar la producción y suministro de la electricidad, reconvertir el sector industrial, el sector de la construcción, el transporte, la alimentación… Y es urgente una reforma de los sistemas financieros para hacer posible esta transformación.

P. Mucha gente puede pensar que todos los cambios políticos, económicos y sociales para reducir las emisiones a la mitad no serán posibles en ocho años ¿Es una meta realista o llegamos demasiado tarde?.

R. Mi trabajo es ocupar el sitio de los obstinadamente optimistas en la habitación. Sé que mucha gente piensa que esto no se puede hacer en ocho años. Pero no podemos quedarnos cruzados de brazos y reconocer que hemos fallado sin ni siquiera intentarlo. Debemos seguir intentándolo, porque incluso una fracción de un grado es muy importante para las comunidades vulnerables, para las especies y los ecosistemas, para cada uno de nosotros.

Incluso si no están todas las cosas en su sitio en el 2030, al menos habremos sentado los cimientos para alcanzar la neutralidad de carbono en el futuro, lo que nos permitiría no solo prevenir las temperaturas extremas, sino tener otros beneficios como una aire más limpio, empleos verdes y acceso universal a la energía.

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